Ana, paciente de leucemia linfoblástica aguda

Hace 4 años, Ana, una ama de casa de Malgrat de Mar (Barcelona), acudió al médico porque se encontraba muy cansada. Era verano y ella lo achacaba al calor pero pensó que no costaba nada hacerse un chequeo. Tras ese pensamiento, su vida no volvió a la normalidad.

Ana

Del Hospital de Calella de Mar la enviaron al Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona pero no le dijeron qué le pasaba. "Me contestaban: tenemos que hacerte más pruebas para ver qué ocurre", nos comenta Ana, que actualmente se encuentra en una cámara de aislamiento. "Un día vino un doctor y me dijo que pronto empezaríamos con la quimioterapia. Mi sorpresa fue máxima: tenía cáncer, una leucemia linfoblástica aguda. La verdad es que mi reacción fue simplemente de sorpresa. Me lo tomé bien. Pensé ‘es lo que hay'". Pese a que los médicos le explicaron que el tratamiento era bastante duro, Ana superó todas las sesiones de quimio sin problemas y remitió. "Volví a hacer vida normal, a disfrutar de mis hijos y de mi marido", nos cuenta.

Aunque todos le decían que no fuese mal pensada, que intentase ser positiva, en marzo de este año, Ana supo que había recaído. "Yo ya me lo esperaba. Todos me decían ‘eres una ceniza, no pienses en esto' pero yo estaba preparada. Me salió un bultito en la cara y cuando me hicieron unas pruebas descubrieron que había células malignas. Tenía metástasis", explica Ana con calma. La leucemia linfoblástica aguda había reaparecido y con más fuerza que la primera vez. No había otro remedio: Ana necesitaba un trasplante de médula ósea.

Ana 2

Tras superar 4 sesiones de quimioterapia, en julio de este año, Ana tuvo un susto tremendo. Empezó sintiendo hormigueo en las piernas y le costaba caminar hasta que un día se cayó y no tuvo fuerzas para levantarse. Tenía una infección vírica muy excepcional que la ha tenido impedida hasta ahora. Tras semanas de rehabilitación, ya puede caminar. "Hoy me he duchado sola", nos explica orgullosa, "me niego a que me tengan que ayudar tanto".

A Ana le quedan pocos días de acondicionamiento para alcanzar el "día D, hora H" (como lo llama), el trasplante de cordón umbilical. "Estoy tranquila. Espero que todo vaya bien y no surjan complicaciones. Esta enfermedad me ha dado una fuerza espiritual, no sé cómo explicarlo, es una sensación extraña", explica Ana. "Mi hermana murió de cáncer hace 4 años. Los últimos días, cuando ya no había nada que hacer, ella era todo paz. Estaba relajada y tranquila. Esta reacción me impresionó mucho y creo que he cogido esto de ella. A veces mi familia no lo entiende pero, aunque sé que todo irá bien, me quedo más tranquila diciéndoles qué quiero si me pasa algo".

A la pregunta ‘¿cuáles son tus planes de futuro?', Ana lo tiene clarísimo: "Ayudar a mis hijos a que sean felices. Ser abuela y cuidar de mis nietos. Comprarme un coche ya que me saqué el carnet a los 50 años y no he disfrutado mucho de conducir y viajar, cuando esté bien quiero hacer un crucero por el Mediterráneo. Yo ya le digo a mi marido ‘¡¡Tú ahorra que nos vamos de crucero!!'.

Mientras tanto, el marido de Ana se instalará en un piso de acogida de la Fundación para estar cerca de ella y poder ayudarla a recuperarse.

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Página web actualizada 18/08/2019 12:00:35