Entrevista a la Dra. Natalia Curto, hematóloga en el hospital Guy’s and St Thomas de Londres

25 Jun 2020

efectos secundarios, pacientes, tratamiento

Dra. Natalia Curto

“Habría que impulsar un protocolo específico contra el dolor, empezando por la investigación básica, para entenderlo, y hacer posible mejorar la calidad vida de los pacientes onco-hematológicos”.

La Dra. Natalia Curto es hematóloga en el Hospital Guy’s and St Thomas en Londres. Su área de trabajo principal compete a los síndromes mieloproliferativos crónicos y, especialmente, está involucrada en diferentes ensayos clínicos de estas enfermedades.

Atiende consultas externas y a personas que participan en ensayo clínicos, realiza seguimiento a pacientes en la unidad de día, y lleva a cabo trabajos de investigación, incluyendo trabajo de laboratorio.

Uno de los proyectos que impulsa y está desarrollando en la actualidad consiste en entender cómo la fatiga y el dolor afectan a la calidad de vida, profundizando en el área laboral, de pacientes onco-hematológicos, particularmente a personas afectadas por trombocitemia esencial. Su motivación e interés en este campo reside en poder buscar soluciones que mejoren la calidad de vida de todos ellos.

 

¿Los pacientes onco-hematológicos padecen dolor de manera generalizada?

Sí, es bastante frecuente que los pacientes con enfermedades onco-hematologicas presenten dolor o malestar general. Este dolor puede ser tanto generalizado como localizado, como por ejemplo, debido a fracturas patológicas causadas por la enfermedad. Hay que tener en cuenta también otros factores como la edad, enfermedades asociadas (diabetes, artritis...), los tratamientos para la enfermedad hematológicas, etc.

 

¿Este dolor lo provoca el propio cáncer? ¿Cuál es su explicación física/fisiológica?

Depende del tipo de dolor. Los dolores óseos, por ejemplo, pueden deberse a que la medula ósea (donde se producen las células sanguíneas y, por tanto, el origen de la mayoría de las enfermedades hematológicas) esté activa y produzca una respuesta inflamatoria excesiva. Este tipo de dolor es frecuente en pacientes con leucemia, síndromes mielodisplasticos y mieloproliferativos.

El dolor articular también es frecuente en estos pacientes debido a la inflamación de las articulaciones.

Del mismo modo, algunos pacientes presentan dolor abdominal secundario a esplenomegalia debido a la hematopoyesis extramedular.

 

Si el dolor se debe a efectos secundarios, ¿pueden identificarse los tratamientos concretos que lo provocan?

Los tratamientos de quimioterapia y radioterapia están comúnmente asociados con dolor tanto directa como indirectamente. ¿A qué dolores nos referimos? Hablamos de dolor de cabeza, dolor muscular generalizado o dolor neuropático (neuropatía periférica con sensación de hormigueo en las extremidades).

En algunos pacientes la radioterapia puede causar dolor en la piel del área radiada con rash cutáneo asociado.

De forma indirecta también hay pacientes que desarrollan infecciones debidas al herpes zoster, y presentan lesiones cutáneas agudas con neuralgia (dolor de los nervios) que puede durar, incluso, hasta después de que la infección se haya superado.

Además no hay que olvidarse de que no solo los tratamientos pueden causar dolor: algunas intervenciones médicas y diagnósticas también lo producen. Puede suceder con la colocación de un catéter venosos para administrar la quimioterapia, la realización de una biopsia, o el aspirado de medula ósea.

¿El dolor es una constante durante todo el proceso de tratamiento de la enfermedad?

Sí, puede ser constante con periodos más agudos que otros.

 

¿Suele darse en casos concretos, fases concretas o por tratamientos concretos?

En mi opinión, y basándome en la experiencia clínica, diría que depende de muchos factores: el tipo de  enfermedad onco-hematologica, la edad del paciente, el tipo de tratamiento, etc. NO hay dos pacientes iguales.

 

¿Hay enfermedades onco-hematológicas más dolorosas que otras per se?

Sí. Quizás hablando de dolor podemos realizar una mención especial al mieloma múltiple. Esta enfermedad por su naturaleza puede causar lesiones óseas y fracturas patológicas que, por ende, provocan dolor. (Leer más sobre lesiones óseas en pacientes de mieloma múltiple)

 

¿Existen diferencias notables entre el dolor físico que pudieran padecer personas de diferentes rangos de edad (niños, adolescentes, adultos, personas mayores)?

Bajo mi punto de vista, y experiencia, sí. Además, como comentaba antes, otras enfermedades también pueden contribuir al dolor.

 

Para hacer frente al dolor, ¿cómo se puede cuantificar el dolor físico de una persona si es un concepto intangible? ¿Cómo se pauta medicación más o menos fuerte para hacer frente al dolor?

Contamos con diferentes escalas para medir el dolor, como puede ser la escala que lo cuantifica de 0 a 10, o escalas visuales. De esta forma se puede ajustar la medicación.

En mi opinión, se requiere una evaluación individual del paciente. También es importante que el paciente sea evaluado por un servicio de dolor o de paliativos para ayudar a manejar y gestionar el dolor, sobretodo cuando nos referimos a un dolor crónico.

¿Existe un protocolo para paliar el dolor común para todos los pacientes, pero específico para pacientes onco-hematológicos?

En el caso del hospital donde trabajo no hay un protocolo específico. Como he indicado anteriormente recurrimos, y es recomendable, abordar el dolor del paciente de manera multidisciplinar.

 

Debido a tu experiencia, ¿consideras necesario impulsar un protocolo específico?

Sin ninguna duda. Y habría que empezar por la investigación básica para entender mejor el dolor, y a partir de ahí desarrollar un protocolo para abarcar su manejo. La colaboración entre especialidades médicas, incluyendo fisioterapia y psicología, es esencial para abordar el dolor, tanto si nos referimos al dolor agudo como al crónico. Es el único camino para hacer posible poder mejorar la calidad vida de los pacientes onco-hematológicos.

 

Los hábitos del paciente, como pueden ser la alimentación o mantenerse físicamente activo, en la medida de sus muchísimas limitaciones, obviamente, ¿pueden evitar algún tipo de dolor que pudieran aparecer durante el tratamiento?

Efectivamente. Se ha comprobado que factores como el ejercicio físico, la alimentación saludable y una buena salud mental, son beneficiosos para los pacientes con cáncer y pueden contribuir a disminuir el dolor.

 

Para terminar, y aludiendo directamente a todas las personas que ahora mismo están luchando contra la leucemia (o cualquier otro tipo de enfermedad onco-hematológica) y a sus familias, ¿qué mensaje querrías transmitirles?

Simplemente me gustaría decirles que hablen con nosotros, con sus hematólogos.

Además de para curar su enfermedad, estamos a su disposición para que nos transmitan todas sus dudas, que nos hablen de sus sus síntomas, calmar sus inquietudes. Su lucha es nuestra lucha, ¡estamos juntos!

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