Lizbeth

Lizbeth, ex-paciente de leucemia linfoblástica aguda

"Hola, me llamo Lizbeth, tengo 23 años, soy policía y soy de Arequipa, Perú. El 26 de abril de 2011 ingresé por emergencia en el hospital, ya que tenía 5 de hemoglobina. Luego me diagnosticaron leucemia linfoblástica aguda tipo B.

Desde entonces, tuve que recibir los tratamientos de quimioterapia. Al principio me afectó bastante, pues no podía comprender por qué me había tocado vivir eso. Me preguntaba: ¿Porque a mí? Sin embargo, muy dentro de mí una voz me decía: no te preocupes, todo va a pasar, esto sólo será un triste recuerdo. Me dolía tanto ver a mis familiares llorar y cada vez que ellos venían a verme al hospital trataba de estar bien, sonreír y no preocuparles más.

Nos aferramos a nuestro padre celestial y creo que desde entonces estamos más tranquilos. Todos los meses tenía que hospitalizarme para recibir la quimioterapia. Luego, cuando me encontraba en remisión completa de la enfermedad, me dieron una luz de esperanza, que era el trasplante de médula ósea. Gracias a Dios, uno de mis dos hermanos era compatible conmigo al 100%. Era algo increíble, como si estuviese soñando pero era real. El problema era que en mi país solo había un hospital que realizaba trasplantes y era en la capital. Además el coste del trasplante era demasiado caro, así que mis familiares empezaron a tramitar la documentación al hospital de la policía para que pudiesen correr con todos los gastos del trasplante. Fue muy largo el trámite. Duró mucho tiempo mientras que yo, en la espera, tenía que seguir recibiendo quimioterapia. Cada vez me preocupa más pues los doctores me decían que tenía que ir a trasplante ya. Fue una alegría al saber que la documentación ya había terminado y que ya podía efectuar mi trasplante. Así es que el 9 de diciembre del 2011 me realizaron el trasplante de médula ósea y hoy ya me siento mejor. Todos mis análisis salen con valores normales y en diciembre voy a volver a trabajar.

Lizbeth, ex-paciente de leucemia

En realidad todo pasa; nada es eterno. No hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista. A veces estas cosas nos detienen en la vida para reflexionar y pensar en las pequeñas cosas que ignoramos y que en realidad son las más importantes en esta vida. Por ejemplo, aprovechar cada minuto de nuestras vidas y ser felices con lo que tenemos y no con lo que deseamos tener, valorar el tiempo junto a tus seres queridos.

Quiero aprovechar para agradecer a mis padres Isidro y Susana, que estuvieron todo el tiempo conmigo. Me demostraron el gran amor que sienten por mi y que mi tristeza o mis caídas también los afectan a ellos; a mi hermano Ronald, que me devolvió la vida, que me dio el mejor regalo y la oportunidad de cumplir mis sueños; a cada uno de mis familiares que estuvieron conmigo cuando más los necesitaba; a mis amigos, que me dieron esa fortaleza para seguir luchando cada día; a todo el personal de los hospitales por su ayuda, comprensión y dedicación; a aquellas personas que sin conocerlas te brindan su mano amiga; y sobre todo a nuestro Padre Celestial que escucha nuestras suplicas y oraciones."

Lizbeth

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Página web actualizada 24/05/2018 11:00:23