Mario

Mario paciente LLA con su familia

En noviembre de 2010, tras un proceso catarral un tanto extraño (intuición de madre), le pedí a la pediatra de mi hijo Mario que le hiciese una analítica de sangre. A ella la daba mucha pena pincharle porque era muy pequeño (por entonces tenía 2 años y medio) y, en un principio, lo descartó. Pero a los dos días, cuando volvió a verle, lo encontró tan pálido que, al mirarle la mucosa de los ojos, se dio cuenta de que el niño tenía una anemia "de caballo". Me recetó hierro y, a los dos días, una analítica de sangre. En un día y medio a Mario se le hinchó muchísimo la tripita, así que el día de la analítica me quedé a esperar los resultados en la puerta de la consulta porque ya pensé que algo iba mal. Sobre todo después de hacer eso que te dicen todos los médicos que no se debe hacer: mirar en internet.

Había estado indagando a través de buscadores y todos me llevaban a la misma dirección: ¡leucemia! Yo no me lo quería creer, al fin y al cabo yo no soy médico y necesitaba la respuesta de uno.

Charo, su pediatra, nos envió a toda pastilla al hospital al ver la barriga tan hinchada, e incluso estuvimos comentando lo de la leucemia, cosa que estoy segura que ella ya sospechaba. Así que, a las 9 y media, estábamos en urgencias del Hospital de Aranda de Duero y a las cinco y media ya entrábamos por urgencias en el Hospital del Niño Jesús de Madrid con nuestro temido diagnóstico... sospecha de leucemia aguda.

Mario, paciente de leucemia linfoblástica aguda, durante la enfermedad

Mario, durante el tratamiento

De la sospecha pasamos a la afirmación, del mal trago y la negación, al día a día que llevamos desde hace año y medio como una cosa más en nuestras vidas. Mario lo pasó mal, como muchos niños que pasan por lo mismo que él. Nosotros quizás peor por eso de la conciencia de la enfermedad y eso que no precisaba de trasplante de médula, pero bueno, una leucemia linfoblástica aguda de grado medio no es ninguna tontería...

Mario, paciente de leucemia linfoblástica aguda, en el 2012

Gracias a sus médicos, grandísimos todos ellos, a la medicación y a su buena respuesta. No os puedo decir más que lo siguiente: poco a poco vamos saliendo de este pozo, en ningún momento hemos dado ni un paso atrás y, aunque al principio todo te parece oscuro y un callejón sin salida, de esto ¡¡SE SALE!!  A nosotros todavía nos queda un camino por andar, pero yo veo en el hospi todos los días a muchos niños y niñas sanos, guapos y con más ganas de vivir que nunca, y allí es a donde queremos llegar todos nosotros, ¡Mario y toda su familia!

¡Ánimo!

Teresa, madre de Mario

Si quieres informarte sobre qué es la donación de médula ósea para ayudar a muchos pacientes de leucemia a tener una oportunidad de curación, haz clic AQUÍ. Recuerda que la donación de médula ósea es altruista, anónima y universal. Si te inscribes como donante de médula ósea, has de estar dispuesto a hacer efectiva la donación para cualquier persona del mundo que lo necesite. Si quieres más información, escríbenos a donants@fcarreras.es o llámanos al teléfono gratuito 900 32 33 34.

También puedes hacerte socio de la Fundación Josep Carreras. Con muy poco, nos ayudarás a continuar investigando.

Página web actualizada 24/05/2018 11:00:23