Rogelio

Mi vida transcurría con total normalidad hasta que, en el mes de agosto de 2015, de forma repentina e inesperada, experimentó un giro de 180° ya que me diagnosticaron una leucemia aguda mieloblástica. Cuando mi médico de cabecera nos dio la noticia (mi mujer y yo habíamos acudido a la llamada urgente del centro médico) quedé totalmente desconcertado ya que el hallazgo fue como consecuencia de un análisis regular de sangre, sin que hubiese tenido aún síntomas de ningún tipo; mi cabeza se quedó totalmente en blanco -¡o en negro!-, sin ser capaz de razonar.

Pronto ingresé en el Hospital Universitario Central de Asturias y me pusieron el primer tratamiento de quimioterapia. Pasaron varios meses de hospitalización y quimioterapias con intervalos de descanso y recuperación en casa. Mi ánimo siempre fue bueno y positivo, pese a que era consciente de que un trasplante de médula era imprescindible para combatir la variedad de mi enfermedad.

Mis dos hermanos no eran suficientemente compatibles, por lo que el equipo médico activó el protocolo consistente en incluir mis datos en el REDMO (Registro de Donantes de Médula Ósea) de la Fundación Josep Carreras, que cuenta con los datos de los donantes de todo el mundo, para tratar de localizar a uno compatible.

Estos meses no estuvieron exentos de momentos duros hasta que los Reyes Magos me trajeron el mejor regalo posible: a principios de enero de 2016 los médicos me comunicaron que había aparecido una donante compatible; de ella solo sé que es una mujer francesa. La donación es anónima por partida doble, pues ella tampoco sabe de mí y los únicos datos que nos facilitan son el sexo y la nacionalidad.

El 22 de enero fui trasplantado y, tras un mes de hospitalización, fui dado de alta hospitalaria. Salí muy débil y muy delgado y poco a poco fui mejorando; en el momento de escribir esto (octubre de 2016) estoy bastante recuperado, si bien aún me quedan algunos meses para normalizar mi vida.

De momento todo marcha bien, aunque no puedo -¡ni debo!-lanzar las campanas al vuelo, pues una recaída siempre es posible. Sigo tomando muchas pastillas para evitar el rechazo y otros males, pero enormemente contento e ilusionado.

Quería transmitir mi agradecimiento eterno a esta donante anónima que me ha brindado la posibilidad de una segunda vida y a todos los demás donantes de médula que lo hacen con el mismo espíritu.

Igualmente, mi agradecimiento al equipo médico por su gran profesionalidad y por el trato tan humano que me han dado en todo momento, agradecimiento que tengo que hacer extensivo al equipo de enfermería por los mismos motivos, así como a mi familia y amigos por el apoyo que me han prestado en todo momento, especialmente mi mujer.

Finalmente, quiero animar a todo el mundo a que se haga donante de médula, un trámite realmente sencillo que puede salvar una vida, ¿se puede hacer algo más grande?

También muy importante es la donación de sangre, sirva como ejemplo que a raíz de mi segunda quimioterapia precisé de trasfusiones de sangre y de plasma (se necesitan tres donaciones de sangre para cada bolsa de plasma) prácticamente a diario durante casi un mes, esto es, estimativamente lo correspondiente a unas ¡75! donaciones de sangre. ¡Menos mal que hay tantas personas generosas en el mundo!

Y, ¡cómo no!, apoyar a la Fundación Josep Carreras en la medida de lo posible para que siga con la magnífica labor en pro de la búsqueda de la curación de todos los casos de leucemia.

¡Muchas gracias a todos!

Página web actualizada 24/05/2018 11:00:25